lunes, 20 de diciembre de 2010

COPLILLAS A "SETA EPE" (Crónica de un desgobierno)

    Estas letrillas no las escribí en la época de Madame Pompadour, ni siquiera en la de el gran torero Carlos Corbacho; era la época del Ministro de Trabajo Celestino Corbacho; Fdez Ordoñez, Presidente del B. de España; Pumpido, Fiscal General; Sainz, Director Gral. del CESID; Rubalcaba, seguía siendo Rubalcaba y la Minstra de Igualdad, da igual quien fuera en aquellos entonces:



    Casi idiota que eres, dice,
tu colega el gabacho
y el Ordóñez con Corbacho,
se dicen y contradicen.

    Pumpido y Rubalcaba,
hablan de la policía
y a nosotros "tos" los días,
se nos encoje la paga.

    El tal Sainz de pesca y de cacería,
con la pasta que le damos "pa" que espíe
y el muy cara, todavía, va y se ríe,
mientras limpian su piscina los epias.

    La Ministra de Igualdad va y se desmarca
y a este circo ya le crecen los enanos,
pues "el feto de una humana no es humano",
va y te suelta, y se queda ella tan pancha.

    Y no hablo de madames* ni toreros**
que lo hago de ministros y altos cargos,
que se piensan que a nosotros el dinero
ya nos sobra y no existen los embargos.

     Conque Presi no te hagas el orate
y ve pensando en colgar un día los trastos,
porque al pueblo que te puso tienes harto,
¡matador!, de cabrillas con tomate.

sábado, 11 de diciembre de 2010

LLORA EL CIELO.

    Llora el cielo, sobre estos campos yermos,
en los que un día señoreó la muerte,
tierra maldita, huérfana de suerte,
que en vez de hijos, solo tiene yernos.

    Llora este cielo, con lágrimas hirviendo,
como queriendo purificar tu cieno,
pués, en vez de sangre, tu riego fue veneno,
de aquellos tantos que en tí y por tí murieron.

    Llora este cielo y llorará por siempre,
con ojo limpio, claro y sin legaña;
llora por tí, país llamado España,
que te desmembras apretando los dientes.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

INCREDULIDAD.

    Yo no creo en el amor,
no creo en la medicina,
no creo en quienes dominan
y no puedo creer en Dios.


    No creo en el Vaticano,
ni en el Tíbet, ni en La Meca,
no creo en lo que está cerca,
ni en lo que está más lejano.


    No creo en el patrón-oro,
no creo en el dollar USA,
no creo en las tropas rusas,
ni en el petróleo del moro.


    Yo no creo en Michael Jackson,
ni tampoco en Lady Dy,
ni en el rey del microchip,
ni en quién habla sin descanso.


    Pero creo en la sonrisa,
en esa dulce mirada,
del que da, sin pedir nada,
y del que vive sin prisa.


    También creo en esa gente,
que cambia un día su ruta,
para ser como Teresa,
madre de toda Calcuta.


    O como Vicente Ferrer,
que dejó un día su mesa,
para entregar a los pobres,
su corazón, su promesa,
su vida..., todo su ser.